Así se ve un Chequeo Last Bastion de principio a fin. San Rafael no existe: es una clínica de ejemplo que armamos para mostrar qué revisamos y qué entregamos, sin señalar a ningún cliente real.
Todo lo que ves aquí sale de mirar un sitio desde fuera, como cualquier visitante, y de lo que el cliente nos cuenta en entrevistas. No tocamos, probamos ni forzamos nada. La revisión a fondo de accesos solo ocurre dentro del contrato y con permiso por escrito.
Una calificación por área, escrita para dirección. Rojo es atención inmediata; ámbar, conviene revisar; verde, va bien.
Qué observamos y qué conviene ajustar. Toca cada uno.
El sitio recoge datos por formulario y por WhatsApp, pero en ninguna página se ve un aviso de privacidad. La ley de datos personales, que cambió en 2025, lo exige a toda clínica.
Publicar un aviso de privacidad al día, enlazado desde cada formulario, que nombre un responsable y explique cómo se guardan y comparten los datos de pacientes.
En entrevista nos contaron que los pagos a proveedores se autorizan con una nota de voz o un mensaje del director por WhatsApp. Hoy una voz clonada con IA basta para pedir una transferencia urgente.
Ningún pago se libera solo por mensaje o audio: siempre se confirma llamando de vuelta a un número ya conocido, y los montos altos requieren una segunda firma.
El pre-registro pide subir la identificación por ambos lados. No queda claro si el envío viaja cifrado ni a qué correo o sistema llega.
Asegurar HTTPS en todo el sitio, confirmar a dónde llegan los archivos y quién puede verlos, y no dejar identificaciones en bandejas de correo compartidas.
El canal principal de atención es WhatsApp, en celulares del personal, por donde circulan estudios y datos de pacientes.
Reglas claras de qué se puede y qué no se puede mandar por chat, un número de la clínica en vez de celulares personales, y respaldo de conversaciones.
Los pacientes consultan sus resultados escribiendo solo un número de folio. Un folio corto y adivinable es una puerta ancha a estudios ajenos.
Sumar un segundo dato al folio (fecha de nacimiento o un código enviado al paciente) y revisar cuántos intentos permite el portal.
El asistente de citas del sitio está conectado a la agenda de la clínica. Por lo que nos describieron, puede ver nombres y motivos de consulta de todos los pacientes, no solo los del que pregunta.
Limitar al asistente a horarios disponibles, quitarle acceso a datos de otros pacientes y revisar con el proveedor qué guarda de cada conversación.
El equipo empieza a usar herramientas de IA para redactar y resumir. Todavía es poco, así que es el mejor momento para ordenarlo.
Una regla corta de qué datos de pacientes nunca se pegan en una herramienta de IA, y una lista de las herramientas aprobadas.
Esto mismo, con tu empresa. Dos semanas, precio fijo, un plan claro para la era de la IA.
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